miércoles, 7 de enero de 2015

¿Por qué Chile debe tener Fuerzas Armadas?



Mientras que  los políticos en el Perú se preguntan por qué se debe de tener el servicio militar obligatorio,  reproduciremos un artículo de



Es válido preguntarse cuáles son las funciones que deben cumplir las Fuerzas Armadas chilenas y, como consecuencia de lo anterior, cuáles son las Fuerzas Armadas que Chile necesita tener, y si las mismas rinden lo que esperamos de ellas

En dos artículos recientes, Fabiana Santa Rosa ha planteado que, siguiendo el ejemplo de Costa Rica, Chile debería deshacerse de sus Fuerzas Armadas.([1]) En su opinión, la inversión en Defensa se debería redestinar a Salud y Educación, atendido que los países con los cuales mantiene controversias, esto es, Perú y Bolivia, han optado por mecanismos de solución pacíficos, y que “en caso de extrema necesidad, Chile podrá firmar acuerdos y tratados de cooperación militar con otros países, como Brasil, que comparten mutua admiración por sus directrices de relaciones exteriores, comerciales y Económicas y que tienen suficiente contingente para atender a ambos países.” Asegura, además, que “este respaldo elimina cualquier duda frente a la necesidad de tener una institución militar funcionando en Chile en caso de una eventual emergencia.”

Santa Rosa remata sus argumentaciones afirmando – fundamentalmente – que “la estrategia que el país ha utilizado para resolver sus conflictos internacionales ha sido a través de los medios diplomáticos, acciones a su vez muy bien vistas por la sociedad internacional”  y que “lo que vale destacar es que en la actualidad, hay una sobre oferta de fuerza militar en Chile que está subutilizada en funciones no correspondientes al perfil militar – como de ayuda humanitaria y de desastres naturales –, mientras que hay una demanda de mayores recursos y mejor capacitación de policías que el país no logra solucionar.”

Antes de consignar algunas razones por las cuales Chile sí debe contar con Fuerzas Armadas, parece necesario anotar previamente que Santa Rosa apunta derechamente a que el país pase a depender militarmente de Brasil. Sin perjuicio de que ni siquiera Brasil tiene un contingente militar para satisfacer sus propias necesidades de Defensa, atendida la vastedad de la Amazonía y las amplias áreas marítimas donde se han encontrado reservas petroleras, el modelo de desarrollo brasileño es sustancialmente distinto al chileno, por lo que no es efectivo que ambos países compartan “mutua admiración por sus directrices de relaciones comerciales y económicas.”



En segundo lugar, no es efectivo que depender militarmente de Brasil o de un tercer país “elimina cualquier duda frente a la necesidad de tener una institución militar funcionando en Chile en caso de una eventual emergencia”. Por el contrario, una solución tal siembra una duda enorme y permanente frente a los desafíos de seguridad, ya que cada vez que se requiera asistencia de este país “garante” (por llamarlo de alguna manera), previo a prestar dicha ayuda, tal país realizará un análisis de conveniencia interna. En la arena internacional nadie se juega por otro sin realizar previamente, a lo menos, un mínimo análisis de “pros” y “contras” desde el punto de vista de sus propios intereses.

Tercero, atendido el resultado del reciente arbitraje internacional que enfrentó a Chile y Perú ante la Corte Internacional de La Haya y el desarrollo – hasta ahora – del arbitraje internacional iniciado por Bolivia ante el mismo tribunal, parece necesario cuestionar si la “estrategia que el país ha utilizado para resolver sus conflictos internacionales (…)a través de los medios diplomáticos, acciones a su vez muy bien vistas por la sociedad internacional”, son vistas de igual manera por la sociedad nacional, atendidos los magros resultados obtenidos y los horizontes que se perfilan. Por el contrario, dicha experiencia sugiere precisamente lo contrario de que lo plantea Santa Rosa, esto es, resulta necesario revisar la idoneidad de dicha estrategia para satisfacer nuestras pretensiones.


En cuarto lugar, la autora en cuestión, omite en su análisis la situación que vivió Chile con Argentina hace poco más de 30 años: una movilización sin precedentes de nuestra Fuerzas Armadas, junto a la intervención del Papa Juan Pablo II, permitió que ambos países alcanzaran un acuerdo (el Tratado de Paz y Amistad de 1984), que ha llevado a que con Argentina tengamos mejores relaciones que con nuestros otros dos vecinos. ¿Argentina habría aceptado la mediación papal de no haberse movilizado las Fuerzas Armadas chilenas en la forma en que lo hicieron? Parece evidente que no. Por último, consignamos que la posición de Santa Rosa no aparece del todo clara, atendido que por una parte sostiene que las Fuerzas Armadas serían innecesarias para Chile, por lo que el país debería prescindir de ellas, y, por otra parte, afirma que “hay una sobre oferta de fuerza militar en Chile que está subutilizada en funciones no correspondientes al perfil militar”. Esta última afirmación es contradictoria con la primera atendido que no se afirma ahora que se deba prescindir de las Fuerzas Armadas, sino que éstas serían excesivas en función de lo que Chile necesita.



Establecido todo lo anterior y sin pretender agotar el tema, estimamos que existen diversas razones para afirmar por qué Chile sí debe contar con Fuerzas Armadas.

1.- Chile necesita tener Fuerzas Armadas para asegurarse de que países que tienen reivindicaciones – como Perú y Bolivia – prefieran utilizar mecanismos de solución pacífica de controversias, esto es, que opten por los mecanismos reconocidos por el Derecho Internacional.


2.- Precisamente para que el Derecho Internacional funcione, puesto que no existe un mecanismo supranacional que brinde la coerción que requieren las normas jurídicas que lo integran, dicha coerción es proporcionada por las Fuerzas Armadas de los países que, como Chile, integran la Organización de Naciones Unidas.


3.- El país requiere contar con Fuerzas Armadas porque existen gobiernos – como el de Putin, en Rusia – que no han respetado el Derecho Internacional y que tienen afanes expansionistas. Atendido el amplio espectro de gobiernos que producen los países latinoamericanos, no se puede descartar de plano que, en el futuro, no vaya a existir un gobierno así en nuestra región. Es más, la retórica utilizada recientemente por Evo Morales en contra de Chile, da a entender que, si contara con una ventaja militar suficiente, no dudaría en utilizarla.

4.- La economía chilena depende vitalmente del comercio internacional. Éste – y en una perspectiva más amplia, el perfeccionamiento de la logística – junto con el desarrollo de las tecnologías de la información, han permitido conformar el fenómeno o paradigma llamado “Globalización”. En otras palabras, la economía chilena no sólo se ha beneficiado con la Globalización, sino que, más aún, requiere de ella. Como consecuencia de lo anterior, se puede afirmar que Chile requiere que la Globalización funcione. Sin embargo, existan actores internacionales, particularmente de carácter no gubernamental, que se oponen a dicho fenómeno o paradigma y que, incluso más, no han dudado en recurrir a la fuerza para oponerse a ella o para obtener provecho ilícito de ella. La operación Atalanta, que se desarrolla en torno al Cuerno de África, es una demostración clara de una situación que ha requerido el empleo de medios militares para proteger el tráfico marítimo. Al parecer, tanto Perú como Colombia analizan el envío de unidades navales a tal misión. En este sentido, llama la atención la pasividad de Chile, que resulta incomprensible dado su liderazgo en el ámbito naval regional.

5.- Las relaciones internacionales no son sólo de naturaleza comercial, sino que ellas también deben responder a principios y valores, propios de nuestra cultura y de nuestra visión y concepción del mundo. Así, por ejemplo, el respeto a la vida, la solidaridad y la protección del desvalido son principios y valores con los que rápidamente nos identificamos. Por ello, ante graves atropellos que ocurren en distintas partes del mundo, no podemos permanecer indiferentes. Las matanzas o secuestros masivos de menores, cometidos recientemente en Pakistán o Nigeria, o los genocidios en Ruanda y Burundi, ocurridos hace algunos años atrás, no nos pueden resultar indiferentes.

 Hay situaciones, particularmente ante estados fallidos, en que la comunidad internacional debe intervenir para frenar atrocidades semejantes. Al efecto, la ONU plantea la “Responsabilidad de Proteger”, uno de cuyos principios señala que “si resulta evidente que un Estado no protege a su población la comunidad internacional debe estar dispuesta a adoptar medidas colectivas para hacerlo, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.” En línea con lo anterior, la letra b) del artículo 15 de la ley Nº 19.067 permite al Presidente de la República disponer la rápida o inmediata salida del territorio de tropas nacionales “cuando haya acogido la solicitud del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas para que sus Estados miembros envíen con urgencia tropas para impedir graves daños a la población civil en una zona de conflicto armado, y se requiera que dichas tropas se desplieguen de manera inmediata.” En una perspectiva más amplia, dicha ley regula, entre otras materias, la salida de tropas nacionales del territorio de la República para participar en Operaciones de Paz dispuestas en conformidad a la Carta de las Naciones Unidas. Estas últimas son, por tanto, distintas de las operaciones a que se refiere la letra b) del artículo 15, antes citado.

6.- La necesidad de proteger, rescatar o evacuar a personas no combatientes ni armadas de nacionalidad chilena que se encuentren en una zona de conflicto armado con peligro inminente para sus vidas, supone, por lo dispuesto en la letra a) del artículo 15 de la ley Nº 19.067, que se envíen, para tal efecto, a tropas nacionales fuera del territorio de la República. Dicha disposición establece un procedimiento expedito para que se envíe al extranjero hasta una unidad fundamental, una compañía o su equivalente. La salida de contingentes superiores, está regulada por el título II de dicha ley.

7.- Finalmente, en mi opinión, el pragmatismo también justifica que tengamos Fuerzas Armadas. Ello, desde tres puntos de vista:

a) Dentro del aparato público chileno, las Fuerzas Armadas tienen una capacidad operativa y organizativa única, que no ha sido replicada por ningún otro ente. Ello queda de manifiesto ante cada desastre natural que, de tiempo en tiempo, nos asola. Ante situaciones particularmente graves, sólo las Fuerzas Armadas pueden – en Chile – intervenir rápidamente y en forma eficaz, proporcionando contingentes relevante para hacerse cargo de operativos masivos. Evidentemente, esta capacidad podría ser replicada por un ente civil dentro del Estado, pero ello supondría duplicar una capacidad ya existente en las Fuerzas Armadas. En este sentido, anotamos que la ONEMI, ante emergencias mayores, no ha sido capaz de proporcionar respuestas eficaces sin recurrir a las Fuerzas Armadas. Por lo demás, la capacidad de Asistencia Humanitaria o de apoyo Desastres Naturales, con que ya cuentan las Fuerzas Armadas, no sólo se puede aplicar respecto de situaciones internas, sino también en el marco de operaciones de cooperación internacional.

b) En años recientes, Chile ha realizado una inversión relevante en Defensa. Así, hemos adquiridas capacidades muy importantes. La pregunta obvia que sigue es: ¿Debemos perder la inversión realizada y las capacidades adquiridas? A lo menos hasta hace un año existía un relativo consenso político en que no se podían perder dichas capacidades, no se podía permitir la “chatarrización”.

Para poner en su debido contexto de qué estamos hablando, parece necesario hacer un breve, aunque muy burdo paralelo con Brasil, país que tiene poco más de 200 millones de habitantes y un producto geográfico bruto que corresponde al 8º en el mundo; Chile, en cambio, con poco más de 17 millones de habitantes, tiene un producto geográfico bruto que nos coloca en el puesto 43 a nivel mundial.

Al día de hoy: 

- Brasil tiene cerca de 70 aviones supersónicos F-5E modernizados; Chile tiene más de una decena F-5E modernizados, pero además, tiene 44 F-16, mucho más modernos. La diferencia no es muy grande.

- Brasil tiene alrededor de 290 tanques Leopard I y M-60; Chile, por su parte, tiene alrededor de 150 tanques Leopard II, mucho más modernos que los anteriores.

- Brasil tiene 9 fragatas; Chile tiene 8 fragatas, pero más modernas.

- Brasil tiene 5 submarinos convencionales; Chile tiene 4, pero más modernos.



Se podrá afirmar que, en función de su tamaño relativo, Chile ha invertido demasiado en Defensa o que Brasil ha invertido muy poco. Sin embargo, lo cierto es que en la actualidad Chile tiene capacidades que no distan enormemente de las de Brasil. ¿Qué debemos hacer? ¿Deshacernos de lo que tenemos y depender de Brasil para que nos proporcione nuestra seguridad exterior? No sería mejor asumir que tenemos grandes capacidades, que nos ha costado mucho alcanzar y que, en algunos casos, debemos cooperar con Brasil o con otros países, para actuar conjunta o coordinadamente, en materias de seguridad exterior?

c) En la actualidad, las Fuerzas Armadas chilenas prestan relevantes servicios tanto en la protección de nuestros recursos naturales, como la enorme riqueza pesquera del Pacífico Suroriental, como en los renovados esfuerzos que el Gobierno está realizando en la Antártica. Nuevamente, si ya tenemos estas capacidades, ¿vale la pena deshacerse de ellas, para replicarlas en otros entes dentro del aparato público nacional?
A modo de conclusión, consigno, en primer lugar, que me parece legítimo que se plantee la pregunta en cuanto a si Chile debe tener o no Fuerzas Armadas. Como lo he señalado, en mi opinión, es evidente que sí debe tenerlas, por las razones antes anotadas.

Dicho lo anterior, me parece válido preguntarse cuáles son las funciones que deben cumplir las Fuerzas Armadas chilenas y, como consecuencia de lo anterior, cuáles son las Fuerzas Armadas que Chile necesita tener, y si las mismas rinden lo que esperamos de ellas. En esta línea, tenemos que ser capaces, como país, de integrar adecuadamente el accionar de nuestras Fuerzas Armadas en la gestión de la Cancillería, de manera que ellas sean efectivamente una herramienta de la Política Exterior del Estado. Me parece que en la medida que estos temas se debatan públicamente y con altura de miras, se podrán alcanzar consensos en torno a ellas, en para que sean debidamente conocidas y comprendidas por la ciudadanía, de manera que tengan un amplio respaldo ciudadano y una legitimidad indiscutida.